Bancos de tiempo presenciales y online conviven en el mercado del
intercambio de tiempo. Cada uno de ellos afronta sus retos y adapta las
ofertas y necesidades de los usuarios al medio.
Como si fuese una cadena de favores, los llamados Bancos de Tiempo priman el intercambio de servicios entre usuarios y gestionan el valor de los mismos en horas. Sin utilizar dinero, también fomentan las relaciones sociales entre personas de diferentes generaciones, sexos y culturas.
Redacción | Marta Machado y Desiree Barrero
“¡Todos para uno y uno para todos!”. Como bien decía el lema de la novela Los tres Mosqueteros del francés Alejandro Dumas, en momentos difíciles hay que potenciar la unión entre personas. Ante la dificultad de ajustar los presupuestos familiares y la necesidad de ahorrar por si la situación empeora, se han impuesto soluciones tan tradicionales como las compras de segunda mano, el préstamo de artículos o el trueque. Otra iniciativa en auge son los Bancos de Tiempo, que permiten intercambiar servicios entre usuarios sin tener que desembolsar dinero. El objetivo es ganar en bienestar y, sobre todo, en tiempo, que es oro. En definitiva, se trata de mantener la cultura del intercambio en tiempos en que pedir está mal visto y no pagar con dinero es muy poco frecuente.
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